Del matrimonio de mi padre adoptivo, cuatro niños encontraron su salida al mundo: Rosa, Montse, José y Juan.
Montse, surcando el mar del aire, descubrió su más profundo deseo, quería sentir a cada instante el poder del cielo, observar la insignificancia del hombre frente a la naturaleza, vivir en las nubes, convirtiéndose en azafata de vuelo y encontrando en el suspiro de un hombre lo que yo jamás le podría ofrecer. Un hombre de camino paralelo a ella, capaz de desafiar a la imperial naturaleza pilotando la unica creación humana que nos posibilita observarnos desde lejos y arrepentirnos de nuestra arrogancia. Con ellos he pasado buenos ratos, en las comidas, en las cenas, he ido desnudando su pasado. Me siento confesor y amigo y se que siempre han estado ahí, que han contribuido a que sea quien soy.
Rosa, se quedó cerca, pero decidió no entregarse a mi por completo. Necesitaba, como su padre, dedicar su vida a los demás y hacer brotar cada dia una sonrisa a todos aquellos niños con los que disfruta compartiendo con sus padres la difícil tarea de educarlos en el camino de la vida. Me viene a ver de vez en cuando, se que está pendiente de mi y de los mios y que no dudaría ni un instante en darme lo que necesito.
Los dos chicos, Joan y Josep, relevaron a su padre en la difícil tarea de hacer brotar cada año la uva que entregue su vida a cambio de animar muchas otras. Con ellos he pasado mis últimos años, con los que he compartido hasta ahora la soledad a la cual estoy condenado. Desde pequeños he estado a su lado, observando con cada detalle como crecían los niños, como se formaban los hombres. Los vi nacer, y hoy me ven morir.
Su osada decisión de hacer crecer el negocio familiar, marcó su vida y dibujó la mía.
Recuerdo ese día en el que inauguramos la que sería nuestra nueva casa (1985), recuerdo haber escuchado el vacío de su cuerpo y el simple pero alto latido de su corazón, ninguna otra parte de su cuerpo estaba en funcionamiento, simplemente se oía el eco de su latir. Ellos recuerdan una agradable agonía, su cuerpo no les respondía y su voz les traicionaba. Estaban allí, esperando que ese tapón me liberara de la presión de mi cuerpo. Salí y recuperaron el dominio de su cuerpo. Me gustó lo que hicieron, me envolvieron de ilusiones y de futuro, decidieron no escuchar lo que no querían oír y simplemente se colocaron frente a ellos mismos, frente a sus mejores amigos. Demostraron la valentía de las personas trabajadoras, de aquellas que sus manos robustas y marcadas, hablan más que sus palabras.
Eran jóvenes, pero creían en lo que hacían y yo creía en ellos. El tiempo ha demostrado que solo aquellos que nacen entre viñedos, saben entenderme. Se han visto convertidos en hombres entre mis brazos, se han visto reflejados en mi pasado y correspondidos ante mi fruto.
Me llevaron donde nunca imaginé que podría llegar, me elevaron, me ensalzaron y fue tan grande el reconocimiento que me hicieron sentir, que siempre tendré que estar agradecido a ese mundo que crearon para mi, fruto de lo que a mi se me antoja como un don de la naturaleza: dos hermanos tan diferentes, pero tan hechos a mi medida… A veces me pregunto si es la herencia que mi padre adoptivo me dejó, es posible jugar con el destino y hacerle ondular el viento a tu favor?No han estado solos, soy consciente de que también me he adueñado de la vida de aquellas que decidieron unir las suyas a unas personas con un proyecto. Gustosamente, entregué parte de mi para sellar estas uniones. No estoy dolido, para eso nací y para eso muero hoy, siempre acompañado de la sonrisa de los que me aprecian.

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