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Los
jóvenes se fueron, pero con mi esencia tatuada en su corazón.
Por encima de todo, sus raíces corrían por las venas de
su cuerpo, su pasado reinaba en el alma. Emprendieron el viaje que les
llevaría lejos de mi durante semanas, meses e incluso años.
Han recorrido lugares maravillosos, les han regalado a sus miradas los
más bonitos paisajes, pero ahora se que simplemente se preparaban
para volver, estudiaban y crecían para poderlo compartir conmigo.
Han aprovechado cada hora y grabado en su memoria las experiencias de
todos aquellos años. Han vivido intensamente, gozando de su época
sin dejar al tiempo robarles ni un solo segundo, constituyendo a las personas
que son hoy en dia.
¡ Qué juguetón es el destino!, me miente, me castiga,
me roba y me devuelve la fe. Nos maneja a su antojo, sin pedir permiso
a nadie. ¿Quién me preguntó si estaba preparado para
volverles a ver? ¿Quién tuvo en cuenta mis sentimientos
cuando me privaron de una parte de su vida?. Soy injusto. No fui creado
para marcar mi destino, éste ya viene determinado desde mi nacimiento.
Si vuelven para quedarse, como el hijo pródigo, siempre serán
bien recibidos. Nadie podrá decir que no cumplí con todo
aquello que se me exigió. Volvieron y aquí me encontraron.
Notaron que había mejorado con el tiempo
Traían planes para mi, llegaban empujados por nuevas ideas. Habían
visto mundo, y eso se notaba
llegaban frescos y con energía,
me arroparon de nuevas ilusiones y envolvieron a todos con su espíritu,
por
un momento, me sentí paralizado, se acordarían de sus raíces?
Confié en ellos, les di lo mejor que había en mi, me escucharon
igual que escuchaban el latir de su corazón y reflexionaban sobre
lo que les dice la mente. Nos fundimos y ahora ya no somos libres, ni
prisioneros, simplemente nos pertenecemos. Estamos cogidos de la mano
y marcando un nuevo camino.
Desde que estamos todos juntos, he estado presente en cada uno de los
instantes que han marcado su historia. Cuando el sol aún se esconde
de nosotros, escucho los rumores de esas tertulias
se que hablan
de mi y de mi futuro, de nuestro futuro, acompañados por la ternura
de sus recuerdos. Me siento confesor y amigo.
Ahora, en este preciso momento, convertido en el símbolo de su
felicidad, no quisiera distraerme entre mis recuerdos y así poder,
junto a ellos y por última vez, disolver mi pena en sus alegrías.
un
pasito atrás continuará
...
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